

Cuando piensas en una boda te vienen a la cabeza una serie de conceptos asociados, como son amor, compromiso, ilusión, alegría, compartir, barra libre… pero cuando eres diseñador gráfico, a estos conceptos se les suma otro: invitaciones de boda.
Y al igual que hay clientes más metódicos y otros más caóticos, algunos más controladores y otros que te dejan más libertad, con los amigos y/o familiares que te piden un diseño pasa lo mismo.
En estos casos, la libertad creativa fue muy alta. Y es en estas ocasiones cuando tienes la oportunidad de personalizar al máximo y apostar por aplicaciones, formatos y sistemas de impresión que no son muy habituales. Gracias a eso el resultado final son unas invitaciones de boda originales y exclusivas.